
1) Todo ser humano se convierte en un potencial enemigo a exterminar. Toser, estornudar y hasta un inofensivo moqueo pueden generar la mirada asesina de las personas más cercanas.
2) Nacen los mitos y leyendas urbanas: que el virus vive 2 horas y 21 minutos en ambientes fríos, que el barbijo potencia la enfermedad, que embeber ravioles en vodka sube las defensas, que la aspirina con Speed las baja.
3) De pronto, nos damos cuenta lo molestos y peligrosos que son los infantes cuando están al pedo. Ese sobrinito que hasta ayer era un niño prodigio, luego de 10 días cautivo, se convierte en una tortura consumista en tamaño de frasquito de muestra gratis.
4) Uno comienza a verse obligado a habilitar en su hogar un mueble para cobijar los múltiples accesorios de la desgracia. Junto con las veinte botellas de Off y Lysoform que sobrevivieron al dengue, se encuentran bidones de desinfectantes, alcohol en gel, litros de jabón, barbijos, pastillas, guantes de amianto y agua bendita.
5) Finalmente, esta situación permite que se propaguen virus mucho más nocivos que la Influenza. Y eso son los políticos en campaña, que dicen, se desdicen, especulan, critican y, claramente, no piensan y mucho menos se callan. Un barbijo para silenciarlos a la derecha, por favor.

voy a probar con la receta para los ravioles, gran idea...Saludos
ResponderEliminarsii, ravioles con vodka!
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