lunes, 11 de mayo de 2009

Pequeñas tragedias de la vida cotidiana

1) Siempre que encontrás en la radio esa canción que tanto te gusta, justo está terminando, mientras que empieza aquella que odias con toda tu humanidad.

2) Las tostadas siempre caen en el piso o sobre tu ropa del lado de la mermelada.

3) La birome y el Liquid que te acompañan desde primer año de la facultad, justo se gastan en medio de un parcial kilométrico.

4) Los auriculares de tu MP3 (o lo que tu economía y la tecnología te permitan portar) nunca dejan de funcionar al mismo tiempo. Nadie sabe porqué pero siempre se rompe un sólo auricular, nunca los dos juntos, y hasta que te decidís a comprar un par nuevo, ingeniás toda clase de malabares porque, si flexionás tu brazo izquierdo formando un ángulo de 45º, y te quedás inmóvil, quizás ese que no anda, puede llegar a funcionar durante unos minutos.

5) Siempre sale el sol justo el día en que no podés tomar.

6) Cuando necesitás anotar algo rápido, nunca tenés a mano una lapicera.

7) El colectivo semivacío siempre se está yendo cuando vos llegás a la esquina y el próximo (completamente lleno, claro está) se demora un mínimo de media hora.

8) Siguiendo con el transporte público, cada vez que estás apurada/o para llegar a un sitio, el colectivero maneja con la celeridad de un chofer de sulki, en cambio, si vas con tiempo, te toca un talibán kamikaze de 115 a 300 km por hora.

9) La vendedora del local de ropa siempre te abre la cortina del probador microscópico (al ritmo de la frase ¿Cómo te quedó, negri?) en la instancia más comprometedora.

10) Todos tus amigos pasan las monedas falsas de 50 centavos con total impunidad, pero a vos te desenmascara hasta un pendejo de 2 años.

11) Si cuando te estás bañando, suena el teléfono y decidís atender, en el momento en que llegues, (habiendo dejado una autopista de agua y jabón a tu paso) ese ser inoportuno va a cortar, vos te vas a quedar unos minutos esperando que suene de nuevo y en el preciso instante en que retornes a la ducha, esa persona volverá a llamar.

12) Cuando se corta la luz de tu casa, recién una vez que terminaste de instalar estratégicamente todo el equipo de velas, la maldita corriente regresará (y como fue idea tuya encender 23 velas por habitación, es también tu responsabilidad lavar los fastidiosos platitos con cera).

13) Siempre que te enorgullecés de tu capacidad previsora por salir de tu casa con paraguas, a las 2 horas sale el sol. El día que te decidiste a dejarlo, se arma un temporal apocalíptico digno de versículo de la Biblia.

14) Siempre que estás por cruzar, el semáforo está cambiando a verde y tenés a una 4x4 viniéndote encima (otra gran verdad: cuanto más grande el auto, más pelotudo es el conductor).

15) Cuando estás en el trabajo y se te ocurre meterte en el MSN, justo en el momento en que tu jefe se acerca, los malditos hombrecitos terminan de dar sus eternas vueltitas y se te abren las 500 ventanas de los contactos, el mail, la instalación del nuevo msn y 20 publicidades españolas de compra-venta.

martes, 5 de mayo de 2009

Rosario me agobia

El duro oficio de ser peatón


Las callecitas de Rosario tienen ese qué se yo, ¿viste? Dejarse andar por entre sus recovecos cual felino en libertad puede resultar una experiencia religiosa: la luz al final del túnel acecha a la vuelta de cada esquina. Si brutos pozos y adoquines de la época de Cornelio Saavedra esperan agazapados para acabar sin piedad con zapatos y tobillos, cuánto más perversos pueden resultar aquellos humanoides que volante en mano circulan por la city apilando peatones.

“¡¡Wait a minute!! –se alarman desconcertados–. ¿Qué es un peatón? ¿¿¿Dónde están que nunca los vemos???”. Procedo a informarlos… los peatones somos esos giles con cara de nada que esperamos media hora en cada esquina para poder cruzar, mientras ustedes desfilan con autos lujosos inflando el pecho y desplegando su vanidad. Somos los pánfilos que a veces (únicamente cuando nos lo permiten, y eso se da en contadas ocasiones) osamos cruzar la calle caminando por unas rayas blancas pintadas en las intersecciones. ¿Se ubican?... eso que parece un pianito. Ocurre que la mayoría de las veces, cuando el semáforo les da el verde, ustedes aceleran sus autitos chocadores sin registrar a los nabos a pata que todavía no tuvimos tiempo de llegar a la otra vereda. Y ojo que cuando digo nabos, digo nabos completos: embarazadas, madres con cochecitos, viejitos con bastón… ¡flores de nabos esos que no andan por la vida con Audis, Boras o Mercedes y por tanto merecen que ustedes les tiren el coche encima!

¿Todavía no entendieron quiénes somos los peatones? Les doy otra pista: en los días de lluvia torrencial solemos caminar en zigzag esquivando charcos mientras hacemos malabares para taparnos con una carpeta, una bolsita de La Gallega o un pañuelito descartable. En general vamos apurados, PORQUE NOS ESTAMOS EMPAPANDO, ¿VIERON? Eso quiere decir que no queremos jugar con ustedes al carnaval, así que eviten levantar agua y hacernos sentir más miserables. ¡A los peatones no nos gusta el rally; lo que esperamos es que nos dejen pasar primeros y por una vez sean ustedes los que esperen!

Y por si aún no nos registran, les comento que los peatones somos esos mimos que a veces les hacen señas con las manos, generalmente porque olvidaron prender una lucecita que se llama guiño y que nos anticipa sus movimientos. ¡Como para no morir estampados contra el parabrisa! Así que cuando tengan un tiempito, podrían hacerse amigos del guiño. Y también podrían volver a rendir el examen de manejo… o simplemente podrían salir de su burbuja y registrar lo que ocurre detrás de sus ventanillas.