
Hasta el momento, y a tres años de haber finalizado formalmente el cursado de mi carrera (Comunicación Social), ya he pasado por cuatro temas de tesis: desde la propaganda totalitaria de Hannah Arendt hasta la familia disfuncional en el cine, pasando por poco originales análisis discursivos o diagnósticos en empresas multinacionales rancias que ven a un comunicador como una mascota hippie y extravagante.
En fin… Pasé por todos los temas y no me quedé con ninguno. Tengo tantas potenciales introducciones como víctimas reprobadas tiene Metodología. Puedo ganarme el Record Guinness en “Primeras medias carillas de tesis escritas”.
Escribo cualquier cosa con tal de no hacer la tesis: me rebelo en cartas de lectores que jamás envío, saturo con mi letra los muros y estados de mis amigos en el maldito facebook, hago cuanto test pelotudo aparece sobre qué personaje de cual o tal serie de televisión sería pero nunca seré (porque ellos, por suerte, no tienen que hacer ninguna tesis y yo sí), o contesto preguntas descerebradas para saber cuál será el nombre de mi improbable futuro amor (cuestionario que quizás formuló una gallega preadolescente y como respuesta metió “Fermín”… y de dónde mierda voy a sacar un Fermín yo en este país huérfano de fermines y atiborrado de pablos, sebastianes, y agustines). Eso sin contar los temas de reggaeton que me bajo, los aludes de mails para concertar encuentros con mis amigos, el ahora nuevo generador de tentaciones “Akinator” y los forwards que vivo eliminando (el día que empiece a abrir los powerpoint con boleros de Luis Miguel y frases de Bucay, ahí sí estaré perdida… que un taxi me lleve directo al Agudo Ávila sin escalas).
En un 90% no hago la tesis (bah, tesina…) porque no tengo ganas… Pero hay un pequeño 10% que voy a defender a ultranza.
Y es el hecho de considerar a la tesina como un peso sin sentido para la obtención del título. ¿Acaso hay estadísticas que demuestren que la elaboración de la tesis hace aprender algo que no se haya aprendido en clase? Si mis neuronas carecen de iluminación, la tesis no será más que la prolongación de una agonía hacia la nada. Y si soy buena o mala comunicadora (cosa que debería preguntarle a los test del facebook, ahora que pienso), entonces lo seré con o sin tesis.
Lo que uno necesita es el título, no un documento que repita con un lenguaje presuntamente más académico lo que ya hice durante cinco años. No hay redención posible…Por lo tanto, mi militancia anti-tesis reside en mi vagancia, por supuesto, pero aparte también contiene una férrea certeza de que no la necesito para un carajo y de que la mayoría de la gente la vive como un proceso denso y espinoso.
Y si para procesos densos y espinosos ya tendremos la búsqueda de trabajo “comunicacional”, por qué duplicar nuestro sacrificio y sufrimiento… por qué no mejor preocuparse por sistematizar esfuerzos propiciando un plan de estudios sólido y un sistema de pasantías que contenga a todos los alumnos en lugar de perpetuar requisitos insustanciales.
¿Acaso en una jornada de trabajo es común escuchar “escribí una gacetilla, luego llamá a los medios, hacé una observación participante desde la perspectiva de Wainerman y Sautu y después no te olvides del café”?
Por supuesto que es importante saber hacer una tesina, pero el camino de la investigación académica “tesinista” no es el que todos queremos seguir. A mí un marco teórico metodológico me importa tanto como que alguien se tire un pedo en Groenlandia !!!!
Por lo tanto, que como la colimba, la tesina sea optativa.
Por una carrera sin tesis pero con Comunicadores…
Posiblemente de eso hable en mi tesina.