Hay quienes dicen que Rosario está de moda. Esa presunción suscita dos ideas: que antes no lo estábamos y que pronto dejaremos de estarlo. Como si fuéramos la Macarena, Cumbio o Nazarena Vélez....debemos asumir que ahora es nuestra ciudad la que está "in" (adentro de qué, no lo sabemos). No queda otra opción que explotar los quince minutos de fama que Warhol inauguró y desplegar el costado más fashionista que nos identifica.
Por ejemplo: la noche rosarina.
Para esbozar una suerte de cartografía noctámbula primaria, empezaremos por la actividad más cliché, el lugar común por excelencia: ir a bailar. Preferencia de púberes efervescentes, adolescentes resacados, jóvenes universitarios, adultos inmaduros y veteranos pro-Viagra, ir al boliche es tan rosarino como la Florida atestada de gente en pleno enero o el Alto en día de promoción. En fin...producto de esta afección por hablar a los gritos, sufrir estampidas en las puertas de los boliches (de esas que rememoran el césped de Luis Miguel cuando se le ocurre entonar "Será que no me amas") y circular con tacos de hasta 20 centímetros por las seguras arterias empedradas a las tres de la madrugada...es que amamos ir a bailar.
Para delinear un mapa ocioso, es necesario dar cuenta de dos estaciones y espacios claramente diferenciados: por un lado, Verano-Florida y por el otro, Invierno-Centro. En verano no se puede dejar de disfrutar de los embotellamientos estivales de la Costanera, protagonizados por jóvenes rugbiers de sobriedad incierta y estados hormonales acelerados (y neuronales casi nulos). Finalmente, es obligada la visita al consabido boliche donde el visitante siempre es gentilmente recibido por un afectuoso y corpulento anfitrión (vulgar e injustificadamente denominado patovica)de quien dependerá temporalmente nuestra autoestima (atención damas: no olviden desembolsar unos billetes en tintura platinada ya que suma puntos...recuerden que no es un gasto, es una inversión para que el Sr. Anfitrión permita el fácil acceso al recinto. Recordemos que, al igual que un primate en pleno proceso darwinista evolutivo, los muchachos de negro suelen reaccionar satisfactoriamente al estímulo de colores claros y pasteles).
Para delinear un mapa ocioso, es necesario dar cuenta de dos estaciones y espacios claramente diferenciados: por un lado, Verano-Florida y por el otro, Invierno-Centro. En verano no se puede dejar de disfrutar de los embotellamientos estivales de la Costanera, protagonizados por jóvenes rugbiers de sobriedad incierta y estados hormonales acelerados (y neuronales casi nulos). Finalmente, es obligada la visita al consabido boliche donde el visitante siempre es gentilmente recibido por un afectuoso y corpulento anfitrión (vulgar e injustificadamente denominado patovica)de quien dependerá temporalmente nuestra autoestima (atención damas: no olviden desembolsar unos billetes en tintura platinada ya que suma puntos...recuerden que no es un gasto, es una inversión para que el Sr. Anfitrión permita el fácil acceso al recinto. Recordemos que, al igual que un primate en pleno proceso darwinista evolutivo, los muchachos de negro suelen reaccionar satisfactoriamente al estímulo de colores claros y pasteles).
Por otro lado, en invierno, es obligatorio concurrir al centro o a Avenida Rivadavia.Un tip infaltable para gozar al máximo de una salida invernal congelante es, sin lugar a dudas, la travesía de conseguir móviles de alquiler que devuelvan al ciudadano a su morada. La combinación negro-amarilla se torna un espejismo a medida que la temperatura desciende y los ánimos encolerizan. Las luces rojas de los taxis se divisan generalmente a lo lejos y nunca suelen llegar hasta el punto en el que uno está ubicado.
Nuestro preciado hogar nunca se encuentra a más distancia que en una noche fría...
De todos modos, es gracias a sus matices nunca bienvenidos, que a Rosario la queremos tanto. La queremos a pesar de ella... Y si eso no es amor.
Nuestro preciado hogar nunca se encuentra a más distancia que en una noche fría...
De todos modos, es gracias a sus matices nunca bienvenidos, que a Rosario la queremos tanto. La queremos a pesar de ella... Y si eso no es amor.


A pesar de ella, la queremos!!
ResponderEliminarExcelente radiografía de las noches agitadas de Rosario! Es ahí cuando me acuerdo de lo lindo que es quedarse en casa viendo una peli!!
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