domingo, 25 de enero de 2009

Esos días de nada

Estoy en esos días en los que creo que escribo mal (estoy en esos días desde hace 25 años e igual reincido).
Estoy en esos días en los que no se me ocurre ninguna idea ni siquiera remotamente digna. Y por supuesto, estoy en esos días (“esos días”, qué dos palabras tan poéticamente imprecisas para describir un proceso hormonal bastante poco metafórico).
Por lo tanto, dado el contexto, antes que escribir, prefiero hacer cualquier otra cosa.
No me canso de sostener que entre la escritura y yo hay una relación de amor - odio. Yo amo escribir, pero la escritura me odia lo suficientemente como para no compartirme jamás una idea.
El escritor experimentado dice que no hay mayor temor que la hoja en blanco. Bueno, mi cerebro es algo así como una resma de A4 sin abrir.
Por eso, este artículo hablará sobre la nada… La inspiración de la nada que no podría tener lugar en otro sitio que no enarbole la concepción de “no funcionar” como emblema.
Mi vida, como la de tantos, está saturada de no funcionamientos. Pocas cosas nos frustran tanto como cuando algo no anda: una relación, una lapicera, un teléfono, la conexión a internet, el aire acondicionado, la lamparita, el cable, el auto y hasta el hombre que nos tocó en (mala) suerte… Quizás el error está en esperar que algo ande. Posiblemente el secreto esté en no esperar nada. En tener la firme convicción de que nada va a funcionar, pero creerlo en serio. Quizás si el ser humano erradicara la mala costumbre de tener expectativas, todos estaríamos más conformes.
Afirmar que “esto no va a funcionar” con una sonrisa convincente, puede ser la clave, no de que las cosas funcionen, pero sí de que uno se resigne a que quizás la nada no esté tan mal después de todo…

1 comentario:

  1. jaja, ocurre seguido todo lo que contás... pero siempre a mirar hacia adelante!!

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